¡Qué preciosa está la sierra
con sus traje de esmeralda!
Amarillas margaritas
y la morada lavanda,
dan un toque de color
por los llanos y cañadas.
Las sangrientas amapolas,
con la rojez de sus caras,
contrastan con la blancura
de las flores de las jaras;
los mirtos y los romeros
las laderas engalanan.
¡Qué preciosa está la sierra
con su traje de esmeralda!
Los pinos, por la roquedas,
hacia el cielo se levantan;
las encinas, con sus años,
se pasean por las navas.
En arroyos y regajos
abunda la mejorana,
junto al humilde poleo,
la juncia, las malvas altas,
la olorosa manzanilla
y las campanillas blancas.
¡Qué preciosa está la sierra
con su traje de esmeralda!
Las alondras matutinas
se despiertan en las cañas,
los pequeños colorines
entre los lentiscos cantan,
rebuscando por el suelo
aparecen la urracas.
Todas las aves se alegran
con la luz de la mañana,
contemplando la belleza
que la tierra les depara.
¡Qué preciosa está la sierra
con su traje de esmeralda!
Allá en los picachos azules,
entre nubes plateadas,
las águilas se divisan
con sus alas desplegadas;
en las robustas encinas
muchas palomas descansan;
los inquietos gorrïones
en los jaramagos saltan
y loa bellos ruiseñores
en los fresnos se acicalan.
¡Qué preciosa está la sierra
con su traje de esmeralda!
Por eso yo grito fuerte,
desde el fondo de mi alma,
y los escribo con mi mano
de forma sencilla y clara.
¡Qué preciosa está la sierra
con su traje de esmeralda!
El Vacar 30 de abril de 2020