jueves, 6 de febrero de 2025

El día que nace


                          El día que nace


                       El sol  despierta, cual bola de fuego, por las lejanas líneas del horizonte. Enciende  las altas cumbres y se despereza , en loco trasiego, por las heladas aristas rocosas. Acaricia, con sus manos de luz y  suave terciopelo  las doradas  laderas que descienden hacia las  profundas hondonadas y los umbríos valles. 
                Las praderas  lo besan con sus labios de hierba y los bosques beben la luz de la alborada en dorados  sorbos. El ígneo disco flameante, como niño de fuego, se baña  en el espejo del río que sueña con atraparle en su plateado pecho. 
                Las  fértiles campiñas, vestidas de verdes trigales y amarillos  girasoles, bailan al son del viento solano que las arrulla con sus silbos de amor.
                El mar, madre fecunda de luengos cabellos de plata, se viste de inquietas y luminosas lunas de  cristal   para ver y atrapar  al rubio galán madrugador.
                El cielo con rubores encendidos acuna las nubes que, como susurros de etéreo algodón, danzan  y con sus invisibles alas quieren jugar con los cálidos  efluvios  que les lanza la luminosa esfera rutilante.
                Así despierta el día con auroras  encendidas y corazón de oro fulgente  que derrama luz y vida  sobre la tierra dormida que se despierta  al recibir los besos  del nacido sol.
 

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